Caballo ibérico

El caballo ibérico reúne un gran grupo de razas que tiene sus raíces en los territorios de la península Ibérica. Casi todos los especímenes pertenecientes a esta categoría, se encuentra establecidos en zonas europeas. La mayoría han sido reconocidas en España, aunque estos solo poseen una porción de la genética de la raza ibérica.

Origen del Caballo ibérico

Los equinos que se agrupan dentro de la categoría de caballo ibérico, vienen de un linaje de gran antigüedad. Se considera que mucho antes del nacimiento de Cristo, ya se encontraban habitando el territorio de la península Ibérica. Durante el periodo griego, se incentivó la actividad de crianza de animales, lo que conllevó posiblemente, a que los caballos fueran domesticados.

Con el tiempo, debido a la movilización de las masas, y las guerras, las manadas fueron trasladadas a otros territorios, lo que conllevó a que fueran cruzados con especies autóctonas de esos lugares, dando como resultado a nuevas razas, donde predominaban las características de sus progenitores ibéricos. De esta manera, la mayoría de los ejemplares Eurasia comparten características en común, considerándose que todos descienden de una misma población.

En la actualidad, se ha considerado que los caballos ibéricos se han extinguido, y solo permanecen las razas producto de sus cruces, conservando sus características más prominentes, resaltando un tamaño mediano, llegando a registrarse casos de ponis.

Crianza

La crianza del caballo ibérico, de manera general, se remonta a los años en que existía una población autóctona en la península Ibérica. Según investigaciones, los griegos y los romanos fuero los primeros en dedicarse a la domesticación de este espécimen, sin ser muy rigurosos en su cuidado. Al considerarse de gran fortaleza, no se consideró una dieta adaptada a los fines con que se usarían los caballos, sino que se proporcionaba alimento apropiado para su supervivencia. Además, se consideraba mantenerse en constante actividad para crear resistencia mayor en ellos, sobre todo si se trataban de caballos destinados a la guerra.

En la actualidad, cada una de las especies descendientes de los ibéricos tienen estilos de crianza distintos, que se basan en asegurar un buen estado de salud, permitiendo su reproducción y perpetuación de la raza. Además, se incluyen programas de vacunación y monitoreo periódico. Sin embargo, el espacio de crianza varía de un ejemplar a otro, tomando en cuenta sus necesidades físicas.

Comportamiento del Caballo ibérico

Las razas que provienen de caballos ibéricos, poseen alguno de los comportamientos distintivos de esta estirpe. Principalmente se resalta su porte rústico, que le brinda un trote firme y estable. Al poseer un carácter dócil, facilita su domesticación, y su relación con personas. Esto convierte a muchas de las razas, en ejemplares de gran obediencia, aunque algunos a pesar de ser fieles, siguen conservando su independencia.

Utilidad

Al tratarse el caballo ibérico de una raza que se destaca por una gran fortaleza y resistencia, que los convirtió en ejemplares de gran utilidad en la guerra. Pero también se aprovechó para darle otros usos, dirigidos al surgimiento de las civilizaciones, entre esto se destaca el transporte de mercancía y personas, así como trabajos de campo.

Pero en la actualidad, muchas de las razas descendientes se han logrado adaptar a otras utilidades. En su mayoría, son los favoritos para realizar actividades deportivas como la equitación. Las ferias acogen a algunos de estos ejemplares, demostrando algunas de las destrezas con se han domesticado. Y en las exhibiciones, se muestra las características más resaltantes que hacen de estos especímenes únicos.

Pero no solo se termina en este punto. Se han logrado introducir dentro del mundo de la medicina, al ser usadas algunas razas como herramientas en el tratamiento de ciertas afecciones y discapacidades en ciertos pacientes. Además, son excelentes para mejorar la postura, y de gran beneficio al organismo con el trote adecuado.

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